Revista 71
Número 71

Dr.-Herrera-y-ObesEdad

Julio Herrera y Obes, presidente de la república de Uruguay en la última década del siglo XIX era un hombre ingenioso. Recibió en el palacio presidencial a una comisión de maestras nacionales y queriendo atender sus demandas les dijo: "Señoras si hablan todas a la vez me será imposible saber el motivo de sus quejas, que me imagino que tendrán que ver con un aumento en la retribución". Todas querían ser las primeras en exponer el motivo de la solicitud de audiencia, y como tampoco esta vez fuera posible hacerlas callar, dijo: "Bien, señoras, creo que será mejor establecer turnos de palabra;  que empiece la maestra de mayor edad de todas". Todas callaron al instante no osando ninguna de ellas tomar la palabra, con lo cual el presidente Herrera esperó unos minutos y luego dejó la sala diciendo: "Bien, si esto era todo…".

 

Lealtad de un perro

Cierto individuo de mediados del siglo XIX llamado Capitán Detroit, cuando ya no podía cuidar de su perro decidió acabar con él, lo subió en una barca y se adentró en el lago Michigan con la intención de arrojarlo al agua, cosa que hizo. Como el animal regresaba a la barca nadando con mayor velocidad de lo que su amo remaba, el Capitan Detroit volvía una y otra vez que el animal subiera a la barca, y en esos forcejeos la pequeña embarcación volcó. Como el hombre ya tenía cierta edad y le faltaban las fuerzas para alcanzar la orilla, el perro, asiendolo por la solapa de su guerrera lo condujo a tierra, salvándole así la vida. Lloró amargamente el Capitán Detroit, y dijo: "Ojalá este noble perro no llegue a saber nunca lo que me proponía hacer con él".

 

Santa-TeresaResurrección

El 15 de agosto de 1540, santa Teresa, que con 25 años arrastraba una penosa enfermedad, dejó de respirar. Las monjas del monasterio de la Encarnación de Ávila le derritieron cera caliente en los párpados para certificar su muerte, y Teresa no dio señales de vida durante tres días. Al cuarto se celebró la misa de difuntos, pero mientras el cadáver de la santa era abrazado por su padre al grito de "¡Esta hija no está para enterrar!", Teresa despertó, causando el pasmo general.

 

Rescate millonario

1.200.000 escudos pagó el rey Francisco I de Francia a España por el rescate de sus dos hijos, en manos de Carlos V. Los españoles tardaron cuatro meses en contar todas las monedas.

 

HippocratesNo hay amo bueno

Hipócrates de Cos, médico griego del siglo V a. de C., predijo en cierta ocasión el estallido de una epidemia de peste en Yliria, región al noroeste de los Balcanes. Habiéndose cumplido su vaticinio, se extendió la fama del padre de la Medicina, tanto que el rey persa  Artajerjes I Longimano, hijo de Jerjes, quiso hacerse con sus servicios. Como el sabio rehusara, sus amigos lo censuraban diciendo que el rey persa era generoso y le recompensaría con grandes dádivas y excelente sueldo, a lo que repuso Hipócrates: "¿Que decís?, ignoráis que para un hombre que se precie no hay amo bueno".

 

HitlerPlan sorprendente

Uno de los planes más descabellados de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial consistió en introducir en la comida de Hitler hormonas femeninas para producir en el Führer un choque emocional. El científico Stanley Lovell fue el encargado de idear el plan y propuso sabotear las verduras a las que tan aficionado era Hitler. Según Lowell, el efecto buscado era "la caída de su bigote y la aparición de una voz de soprano". No se sabe con seguridad hasta que punto llegó a consumarse el plan.

 
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