Revista 73
Número 73

Alejandro no tan magno

La talla de Alejandro Magno no concordaba con su sobrenombre. Los cronistas de su época aseguran que, cuando el rey macedonio se sentó en el trono de Ciro II, fundador del Imperio persa, sus piés no llegaron al suelo. Pero el soberano encontró una inteligente solución: usó una mesa de campaña como apoyo. De esta manera, sus piernas no quedaban suspendidas en el aire.

 

Milton y el matrimonio

El poeta inglés John Milton se quedó ciego a los 46 años, dos después de la muerte de su primera esposa. La ceguera no le impidió casarse más tarde con otras dos atractivas jóvenes mujeres. Es más, "si hubiese sido también mudo y sordo -declaró en una ocasión- , se me habría podido considerar un marido ideal".

 

 

Sarah-BernhardtBernhardt, una actriz comprometida

La actriz francesa Sarah Bernhardt fue una profesional del espectáculo, incluso en la intimidad de su hogar. Poco antes de morir colocó un ataúd en su dormitorio. Hay quien cuenta que para sorprender a algunas visitas, se vestía con una larga mortaja blanca y se acostaba en el interior del féretro, forrado de raso blanco, con una vela encendida a cada lado.

 

 

 

 

 

 

RockefellerLos consejos de Rockefeller

Al multimillonario John Davison Rockefeller le entusiasmaba dar consejos. Un amigo suyo acudió a él en busca de una solución a su problema: le debían 50.000 dólares, pero no tenía ningún justificante. El magnate le recomendó que reclamara por carta una deuda de 100.000 dólares. "Seguro que le contestarán que está en un error, ya que no son 100.000, sino la mitad. Ahí tendrá su comprobante".  Un consejo a tener en cuenta.

 

Quevedo

Quevedo el osado

Felipe IV se casó en segundas nupcias con su sobrina carnal, Mariana de Austria, que era coja. Quevedo, habitual en las recepciones de palacio, apostó con unos compinches que haría referencia a la anomalía en su presencia, pero sin que ella se diera cuenta. Se acercó a la Reina y le ofreció dos flores diciéndole: "Entre el clavel y la rosa, vuestra majestad escoja".

 

 

 

 

Richard-WagnerWagner a escondidas

El compositor y dramaturgo alemán Richard Wagner sentía una especial predilección por la música del italiano Rossini. Su afición era tal que no dudaba en tocar, cuando estaba a solas, fragmentos de este músico, como los de la famosa ópera Guillermo Tell. En una ocasión un amigo le sorprendió, por lo que medio en serio medio en broma Wagner le dijo: "Me gusta mucho, pero le ruego que no se lo comente a los wagnerianos. No me lo perdonarían".

 

 

Valeriano-Weiler

Weyler, el general tacaño

Existen muchas anécdotas acerca de la tacañería del general español Valeriano Weyler, enviado a Cuba para reprimir la insurrección en la isla en 1896. Una de ellas cuenta cómo en una ocasión su hijo le pidió dinero para comprarse un pijama. "¿Pijama? Para dormir lo único que se necesita es sueño". Fue la respuesta de Weyler. Naturalmente no soltó ni una peseta.

 

 

 
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