Revista 91
Número 91

Hechos insólitos

hachikoHachiko

Hachiko era un perro de raza Akita, macho y de un intenso color blanco. A los 2 meses de edad fue enviado a la casa del profesor Dr. Eisaburo Ueno, que demostró ser un bondadoso y amable dueño.
Hachiko no podía acompañar a su amo hasta la universidad. Pero cada mañana acompañaba a su dueño hasta la estación Shibuya.
Después, Hachiko acostumbraba sentarse en la pequeña plaza y esperaba allí a su dueño quien regresaba de su trabajo por la tarde.
El 21 de mayo de 1925 el profesor sufrió un ataque cardíaco en la universidad. Falleció antes de poder regresar a casa. En Shibuya, Hachiko esperaba enfrente de la estación. El perro acudió todos los dias, durante los diez años que sobrevivio a su dueño a buscarlo entre la multitud en la estacion...
En el mes de abril de 1934 los bondadosos habitantes de Shibuya contrataron a Teru Ando, un famoso escultor japonés, para que realizara una estatua en honor a Hachiko. La estatua de bronce fue colocada enfrente de la estación, donde el perro solía esperar a su dueño y amigo.
Casi un año más tarde, el 7 de marzo de 1935 Hachiko falleció al pie de su propia estatua debido a su edad.

 

BobbyBobby

Según cuenta la historia, hacia 1850 John Grey se instala en Edimburgo con su esposa e hijo, en busca de un futuro mejor. Jardinero de profesión, la dura situación económica lo empuja a unirse a la policía de Edimburgo como vigilante nocturno.
Después de algunos años, la familia Grey adpota al pequeño Bobby, un Skye Terrier que con el tiempo se convertiría en su inseparable compañero.
John, que padecía de tuberculosis, fallece el 15 de febrero de 1858 y es sepultado en el ementerio de la iglesia de Greyfriars.
Durante los catorce años siguientes a la muerte de su amo, Bobby se negó a alejarse del cementerio. Los vecinos, sensibilizados por la increíble lealtad de Bobby, lo alimentaron y contruyeron para él un refugio en el cementerio.
En 1867, y debido al creciente número de perros vagabundos, las autoridades de la ciudad aprobaron una norma que obligaba a registrar a todos los perros de Edimburgo, y los que no serían eliminados. Sir William Chambers decidió pagar la licencia de Bobby, y le hizo un collar con una placa de bronce con la leyenda "Greyfriars Bobby from the Lord Provost - 1867 - licensed".
Después de la muerte de Bobby, en 1872, catorce años después de fallecer su amo, la Baronesa Angela Georgina Burdett-Coutts, profundamente conmovida por la historia, encargó al artista local William Brody una escultura, que fué emplazada en 1873 frente a la iglesia de Greyfriars. Los restos de Bobby están sepultados a escasos metros de los de su amo.

 

Canelo01Canelo

"Canelo" era el perro de un hombre que vivía en Cádiz. Este hombre anónimo vivía solo, por lo que el buen perro era su más leal amigo y único compañero.
Cada mañana se los podía ver caminando juntos por las tranquilas calles de la ciudad. Una vez a la semana acudían a el Hospital Puerta del Mar donde el hombre se sometía a tratamientos de diálisis.
Canelo se quedaba esperando la salida de su amo en la puerta del Hospital.
Cierto día el hombre sufrió una complicación y falleció en el hospital. Mientras tanto Canelo como siempre, seguía esperando la salida de su dueño tumbado junto a la puerta del centro de salud. Pero su dueño nunca regresó.
El perro permaneció allí sentado, esperando. Ni el hambre ni la sed lo apartaron de la puerta. Día tras día, seguía acostado en la salida del hospital esperando a su amigo para volver a casa.
Los vecinos se turnaban para llevarle agua y comida, incluso lograron la devolución e indulto de Canelo cuando la perrera municipal se lo llevó para sacrificarlo.
Doce años. Ese fue el tiempo que el fiel animal pasó esperando fuera del hospital la salida de su amo. Sabía que su único amigo había entrado por esa puerta, y que él debía esperarlo para volver juntos a casa.
La espera se prolongó hasta el 9 de diciembre del 2002, cuando Canelo murió atropellado por un auto en las afueras del hospital.
El pueblo gaditano, en reconocimiento al cariño, dedicación y lealtad de Canelo, puso su nombre a un callejón y una placa en su honor.

 
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