Revista 61
Número 61

Hijos de un dios menor

 

El diccionario de la RAE define minusválido como: "Dicho de una persona: Incapacitada, por lesión congénita o adquirida, para ciertos trabajos, movimientos, deportes, etc".


El pasado mes de septiembre se celebraron los Juegos Paralímpicos de Londres. Este acontecimiento apenas tuvo seguimiento desde los medios de comunicación, acaso una breve reseña en el telediario y, poco más. Nadadores sin extremidades, que nadan mucho mejor que la mayoría de nosotros; corredores sin piernas, que nos dejarían atrás en cualquier carrera; futbolistas ciegos, jugadores de baloncesto en silla de ruedas… ¿acaso estos atletas no son más admirables que la mayoría de las estrellas que acaparan la sección deportiva en los medios de comunicación? Sin embargo, nadie les presta atención.


La sociedad oculta y margina a quienes no se ajustan al patrón de belleza. Las estadísticas dicen que los guapos tienen hasta cuatro veces más posibilidades de encontrar trabajo que el resto de los aspirantes, y también se les paga mejor.


Los minusválidos han de sobrevivir en un mundo hostil donde el mero hecho de salir a la calle supone una carrera de obstáculos. Cualquier actividad es un problema que estas personas convierten en un reto.
Nadie es perfecto y todos nos hemos sentido inútiles o incapaces en alguna ocasión. Nuestros defectos y limitaciones potencian el resto de las habilidades y no deberían ser nuestro lastre, sino la seña de identidad que nos hace diferentes, pero no inferiores.


Muchos de los grandes genios de la humanidad fueron, en su tiempo, considerados retrasados mentales y seguramente muchos otros que podrían haber aportado grandes beneficios a la humanidad acabaron en un manicomio o marginados por una sociedad mediocre, desaprovechando su talento en una fábrica de tornillos.


En estos tiempos muchos nos sentimos vulnerables y desvalidos frente a los problemas cotidianos, incapacitados y ninguneados por cretinos que se creen mejores que los demás. Sin tener ninguna minusvalía física nos sentimos torpes y pesados. Tenemos piernas pero no avanzamos, tenemos brazos pero no luchamos, tenemos ojos pero no vemos…


Hace unos días visitó Madrid un grupo de músicos parapléjicos congoleños. Un periodista preguntó a uno de ellos como había superado las limitaciones de su discapacidad, el músico desde su silla de ruedas le respondió: "Yo no soy discapacitado, la discapacidad está en la cabeza".

Rogelio Manzano Rozas

 
Contacto:
Tel: 620 61 21 82
eMail: revistasolana@gmail.com
Web: www.revistasolana.es
Director: Rogelio Manzano Rozas
Diseño: Rogelio Manzano
Foto Portada: Rogelio Manzano
Fotos Excursión: Rogelio Manzano
Colaboran:
Viñeta: Miguel Arqués
Fotos Fauna: AGE
Medio Ambiente: Fernando Llorente
Corrección: Elena Irala