Revista 66
Número 66

El rapto de Europa

 

Según cuenta la mitología griega Europa era una bella muchacha, hija del rey Agenor. Un día, mientras la princesa jugaba con unas amigas en la playa de Tiro, el dios Zeus puso sus ojos en ella. Para acercarse a la joven el dios tomó la forma de un hermoso toro blanco. Europa, confiada, se sentó encima del animal que se incorporó y se lanzó al mar llevando a la doncella hasta la isla de Creta, donde dio a luz a tres hijos engendrados por Zeus.


Hoy nos preguntamos si acaso Europa, el continente que tomó el nombre de la hermosa princesa, no ha sido secuestrada por los intereses más sucios y mezquinos de las grandes corporaciones y los bancos, para los cuales el único dios verdadero es don dinero.


Nuestro viejo continente ha sido devastado por numerosos conflictos a lo largo de su historia. Sin embargo, una y otra vez fue capaz de resurgir de sus cenizas. Después de la Segunda Guerra Mundial los europeos comprendieron que el futuro y la supervivencia de Europa pasaban por la unión y la colaboración entre los pueblos. Entendieron que un país no puede progresar a costa de sus vecinos, que la paz se debe sustentar en la justicia, no en la fuerza. Los valores sobre los que se levantó la Unión Europea fueron la democracia y los derechos humanos. Hoy, ambos están devaluados.


La Europa que nos vendieron era la Europa de los ciudadanos, del estado del bienestar. Sin embargo, la bella Europa se ha convertido en un ente extraño y cruel que, como el viejo dios Saturno, devora a sus hijos.
El desencanto de la ciudadanía es enorme, al ver cómo sus representantes políticos han hecho un diagnóstico erróneo de la crisis y centran sus esfuerzos en salvar el euro olvidando a las personas. Las políticas de talla única propuestas por la UE nos han metido en una profunda recesión y los ciudadanos se van dando cuenta de que la crisis no es solo el resultado de una mala gestión, sino que es un proceso de demolición del estado de bienestar perfectamente estudiado y dirigido.


Hay algunos poderes que saben que en la división está su fuerza, por eso tratan de desenterrar viejos dogmas y prejuicios entre los ciudadanos buscando el recelo mutuo: los españoles somos unos vagos que nos pasamos la vida de fiesta en fiesta, los italianos unos mafiosos, los griegos unos corruptos, los franceses unos chovinistas y los alemanes unos cabezas cuadradas. Nada que ver con la realidad. Cualquiera que haya viajado un poco sabrá que es de idiotas generalizar. Personalmente creo que tengo más en común con mis amigos alemanes, franceses o italianos que con mi vecino.

 

Rogelio Manzano Rozas

 

 

 
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