Revista 73
Número 73

Tórtola turca

 

La especie es sedentaria y posee una gran fidelidad al lugar donde ha criado el año anterior, de manera que puede volver a ocupar el mismo árbol o arbusto año tras año. Las jóvenes se desplazan con frecuencia en el otoño y son siempre las que realizan la propagación y consiguiente colonización. La expansión hacia el Occidente de Europa se inició a partir de 1928.

Fotografías: AGE

 

Posada

 

La gran expansión experimentada por la  tórtola turca, Streptopelia decaocto, que desde el Asia Menor invadió Europa Oriental, ha llegado al fin a la Península Ibérica, tal como los ornitólogos españoles esperaban ya hace años. En estos momentos la especie cubre ya casi todos los países del continente europeo, ocupando en ellos mayor o menor extensión como luego veremos. La tórtola turca es más grande que la  tórtola europea, Streptopelia turtur, y se distingue bastante bien por el color más uniforme de su plumaje, pardo grisáceo o rosado por encima, con un estrecho collar negro que cubre solamente la mitad posterior del cuello y que resulta ser el rasgo más llamativo. Las plumas primarias de las alas son muy oscuras, marrones grisáceas. Las partes inferiores y la cabeza son más pálidas, con un suave tinte rosado, algo más intenso en el pecho. La cola es larga y las rectrices externas tienen las «esquinas» blancas y muy visibles cuando las despliega, acción muy frecuente en esta tórtola. Por debajo, la mitad inferior es blanca y contrasta mucho con el resto oscuro. Los ojos son rojos, lo mismo que las patas.

 

Costumbres y hábitat

Sus actividades son muy similares a las de las demás tórtolas. Es notablemente más mansa que la  tórtola europea y fuera de la época de la reproducción resulta muy gregaria, formando pequeños grupos que comen en el suelo de campos, carreteras y  preferentemente en suelos libres de vegetación. Son habituales los bandos de hasta 50 individuos y muy a menudo se posan al descubierto en cables del tendido eléctrico, postes, cercas, antenas de televisión, chimeneas, aleros, muros, palomares, etc. Viven en plena campiña, sobre todo en zonas suburbanas de ciudades grandes y pequeñas y en muchos pueblos, incluso en el interior de parques y jardines, aunque estén en zonas superpobladas y de intenso tráfico. Los pequeños jardines de casas de campo, con vegetación arbustiva baja y coníferas de adorno, parecen atraerlas especialmente. Los hayedos de montaña media son frecuentados en el otoño y se aprecia bien cómo las tórtolas turcas  manifiestan una gran querencia  por los bosques de esta especie próximos a zonas costeras.

En vuelo emite una llamada que podría representarse como un rápido ¡¡kuirr!! y su canto habitual es tan monótono como el de la tórtola doméstica, pero suena diferente, ¡¡kuúkuú-kuú!!, aunque resulta difícil expresarlo y es, por supuesto, muy subjetivo.


El vuelo de la  tórtola turca es rápido, realiza fuertes aleteos para despegar, que suelen ser ruidosos y que en un momento se transforman en un planeo vigoroso con las alas completamente abiertas hasta posarse de nuevo sobre su posadero.


Con más genio que sus parientes las palomas domésticas, las turcas, no permiten, evitándolo mediante enconadas persecuciones, que las urracas o cualquier ave, se acerquen a su parcela de nidificación.

 

Alimentación

La alimentación de la  tórtola turca se basa en granos, semillas y restos de comida que encuentran en las zonas urbanas a las que se acercan para picotear por el suelo en busca de desperdicios humanos, al igual que ocurre con las palomas domésticas.

 

Reproducción

La reproducción de la  tórtola turca comienza a principios del mes de marzo, llegando incluso hasta finales de octubre. En este largó período reproductor crían dos, tres e incluso cuatro veces. De forma excepcional se puede encontrar un nido de tórtola con huevos en cualquier mes del año. Cada puesta consiste en dos huevos blancos, moderadamente brillantes, que miden de promedio 30,1 x 23,2 mm. Los nidos son una somera plataforma de palos y tallos secos de plantas, muy plana y que no se comprende cómo puede soportar los huevos sin que caigan a través de las hendiduras. Sin embargo, algunos nidos están bien forrados en su interior con hierba seca muy fina. Casi todos los nidos están en arbustos densos y en árboles de hoja perenne, sobre todo coníferas. Rara vez se encuentran en edificios, pero hay casos de nidos en muros de viejas construcciones derruidas.


Ambos adultos se alternan en la incubación que dura 14 días. El plumón de los pollos al nacer es escaso, de color amarillento pajizo y parece más bien pelo; la piel es oscura y el pico rosa pálido. Atendidos y alimentados por los padres, los pollos dejan el nido a los 18-19 días, pero no vuelan hasta cumplir las 3 semanas.


Volando

 

 

La expansión hacia el Occidente de Europa, iniciada con carácter de suceso ornitológico a partir de 1928, siguió a los intentos de colonización iniciados desde 1700 y que no llegaron a cuajar realmente hasta 1900, en que esta tórtola se expandió ampliamente por los países balcánicos y el bajo Danubio. En 1952 llegaron a Gran Bretaña y su presencia allí, comiendo en las carreteras con palomas domésticas, tuvo carácter de gran acontecimiento para los naturalistas. A Francia llegó en 1950, pero no fue hasta 1959 cuando anidó en gran número en el Nordeste. En Suecia el primer nido fue encontrado en 1951 y en 1962 ya había allí 2000 sedentarias tórtolas.

 

Clasificación científica

Nombre común:

Tórtola turca

Nombre científico:

Streptopelia
decaocto

Familia:

Columbidae

Orden:

Columbiformes

Longitud:

30 cm

Envergadura: 

52 cm

Peso:

200 g 

Longevidad:

Hasta 10 años

Estatus:

Residente

En la Península Ibérica las primeras observaciones de que se tiene noticia fueron realizadas en Asturias, en junio de 1960. Años después ya son frecuentes y en jardines y parques de ciudades cantábricas (Gijón, Santander, Torrelavega, El Ferrol, Ribadeo) su presencia es detectada en los meses primaverales. González Morales (1974), da los primeros detalles sobre la nidificación de esta tórtola en Santander. En 1974 dos parejas criaron en una palmera situada en unos jardines del centro urbano, malográndose la reproducción al ser derribados los nidos por los podadores municipales. Uno de ellos tenía dos pollos.


La colonización de Europa Occidental por la  tórtola turca es un fenómeno curioso que merece un somero comentario. La especie es sedentaria y posee una gran fidelidad al lugar donde ha criado el año anterior, de manera que puede volver a ocupar el mismo árbol o arbusto año tras año aunque no sea con la misma pareja del año anterior. Las jóvenes se desplazan con frecuencia en el otoño y son siempre las que realizan la propagación y consiguiente colonización. De acuerdo con el anillamiento, la mayor parte de las tórtolas colonizadoras son jóvenes de ese mismo año o, a lo sumo, de un año de edad. Se han comprobado desplazamientos que van desde 100 a 1000 km dentro de Europa. No es una especie migratoria y parece estar claro que solamente una pequeña proporción de jóvenes tórtolas es la que se aleja de su área de nacimiento para colonizar nuevas tierras.


Mientras la  tórtola turca se expande, la  tórtola común se bate en retirada. A los problemas de la caza, la mecanización agrícola, la homogeneización del paisaje, el uso de pesticidas y fertilizantes y la sequía, la pobre tórtola común añade ahora la competencia de esta prima lejana suya, que no duda en expulsarla de sus árboles de toda la vida.


Desde sus orígenes, la tórtola turca se ha visto como una maldición. De ahí le viene precisamente su nombre científico, decaocto, (dieciocho), que es lo que machaconamente parece repetir en correcto griego hablado.
Cuentan en Grecia que cuando Jesucristo agonizaba en la cruz, un soldado romano se apiadó de él y quiso comprar un cuenco de leche con el que aplacarle la sed. Una vieja vendedora le pedía 18 monedas, pero el centurión tan solo tenía 17. No hubo manera de regatear. Ella tan solo repetía 18, 18. Jesús la maldijo por ello, convirtiéndola en esa tórtola que solo sabe decir en griego: 18, 18, 18. Cuando se avenga a razones, y diga 17, se convertirá de nuevo en ser humano. Pero si sube el precio a 19, significará que el fin del mundo está cerca.

 
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