Revista 92
Número 92

Herrerillo Capuchino

Es un ave aparentemente favorecida por la expansión de los pinares a causa de las repoblaciones. Sin embargo, dado que precisa oquedades, que únicamente son comunes en árboles viejos y muertos, la influencia real de las plantaciones de coníferas sobre su distribución y abundancia no es necesariamente positiva.

 

Este pequeño pájaro tiene una apariencia inconfundible, gracias a su característica cresta triangular de plumas blancas y negras que despliega habitualmente. Su cara es también un juego de bandas negras y blancas: presenta una conspicua corbata negra que se prolonga a modo de collar; además tiene una línea ocular negra, y otra que recorre la mejilla, siempre sobre fondo claro o blanco. Por el contrario, el dorso, las alas y la cola son de color pardo oscuro, que contrasta con los flancos, el pecho y el vientre, de un tono gris-canela muy apagado.

 

Volando


Al igual que los carboneros garrapinos u otros páridos, habita en bosques de coníferas (pinos, abetos, etc.). Pero también se localiza en formaciones de frondosas -caducifolias y perennes- y se observa en áreas ajardinadas. No es un ave especialmente gregaria, pero en otoño e invierno puede constituir pequeños grupos de 2-10 individuos, que exploran conjuntamente tanto el suelo como, sobre todo, la corteza, las ramas y las hojas de los árboles. Con frecuencia se mezcla con otros páridos, con agateadores y con reyezuelos, formando ruidosos bandos mixtos.

 

Hábitat y costumbres

El herrerillo capuchino es un pájaro fácil de observar y estudiar. Su habitual mansedumbre permite acercarse a corta distancia y contemplar sus evoluciones en las ramas y los troncos de los árboles, ya que, del mismo modo que lo hace el carbonero garrapinos, su comportamiento cuando busca el alimento es, en cierto modo, parecido al de los agateadores. Además de su inquieto y nervioso ir y venir picoteando la corteza y las hojas, llama la atención el movimiento de su llamativa cresta, que recoge o levanta según sea su estado de ánimo. En los bosques prefiere lugares sombríos y a no ser por sus gritos sería difícil descubrirlo. Aunque es muy sedentario y su territorio durante la reproducción es muy pequeño, en el otoño e invierno, especialmente los ejemplares más jóvenes, se dispersan y salen de los bosques, vagando algunos por los bordes o linderos de aquéllos y también por la campiña abierta. No es tan sociable como otros páridos y normalmente anda en solitario o en parejas. A partir del mes de agosto los jóvenes y algunos adultos se agrupan y, aunque en número reducido, se unen también a otros herrerillos, agateadores y carboneros.

 

Alimentación

La alimentación es en gran parte insectívora. Los pequeños insectos y sus larvas, sin despreciar a las arañas que encuentra entre la corteza de los árboles, son indudablemente el fundamento de su dieta alimenticia durante los meses de primavera y verano. Más adelante come abundantes semillas de las piñas maduras de Pinus sylvestris y bayas y frutos de arbustos silvestres. Todos los páridos comen una gran cantidad de insectos, pero fundamentalmente en forma de larvas y pupas. La presencia de muchos insectos voladores en el verano puede dar una falsa idea de las posibilidades alimenticias de estos pájaros. Esto provoca a veces una gran mortalidad en los jóvenes herrerillos capuchinos que aún no son capaces de procurarse el alimento y se concentran en algunos bosques tratando de conseguir una buena provisión de semillas.

 

Reproducción

La estación de la cría para el herrerillo capuchino empieza pronto, aunque las puestas se retrasan muy a menudo. En el mes de marzo el celo se puede detectar solo ocasionalmente, pero en los primeros días de abril muchas parejas están establecidas en el bosque y los machos defienden su pequeño territorio, no muy disputado por cierto, puesto que este pájaro no llega a alcanzar una gran densidad. Los machos representan ante las hembras una especie de danza circular, elevando al máximo su cresta y abriendo las alas, todo ello acompañado de un trino continuo muy fino que las hembras contestan con otro en tono más bajo. Una vez emparejados, el macho alimenta con

Clasificación
científica

Nombre común:

Herrerillo capuchino 

Nombre científico:

Lophophanes cristatus

Familia:

Paridae

Orden:

Passeriformes

Longitud: 

11,5  cms.

Envergadura

17-20 cms.

Peso:

De 11 a 14   gr.

Longevidad:

De 2 a 3 años

Estatus:

Residente

frecuencia a la hembra y esta comienza ya las operaciones de construcción del nido. Como sucede con los demás páridos ella es la que lleva la tarea completamente. El macho la acompaña volando hasta los agujeros e inspeccionando su interior, pero sin aportar material alguno y, si lo hace, el hecho hay que considerarlo como excepcional. Como en todos estos pájaros las condiciones climatológicas influyen mucho en el comienzo de la reproducción. De hecho en Iberia existe una neta separación entre los herrerillos capuchinos que se reproducen en zonas cálidas del Sur y los que viven en la Meseta Norte o en bosques caducifolios del Pirineo y la Cordillera Cantábrica. Puede haber distancias de 15-25 días en el comienzo de la nidificación en favor de estos. Nidos ya completos, pero aún sin puestas de huevos en los últimos días, de marzo no son raros; en la primera semana de abril pueden encontrarse con frecuencia y en el Sur es una fecha muy temprana hacia mediados de abril para encontrar la primera puesta, pero no en el Norte. En zonas de mayor altitud, bosques de montañas y zonas sometidas a frecuentes heladas, lo normal es que las primeras puestas sean ya observadas a partir de principios de mayo. En hayedos de montaña, bosquetes y en la campiña arbolada de la zona Cantábrica, las puestas comienzan a partir de los últimos días de abril. Las que se encuentran recientes a primeros de junio sin duda son repeticiones por depredación de la primera. Algunas parejas realizan, sin embargo, dos crías en la temporada. La hembra excava un agujero en la parte superior de lo que queda de un viejo tronco que el viento ha desgajado y roto. Es decir, allí donde la madera se ha comenzado a pudrir o está severamente apolillada y rompe con facilidad. Normalmente, prefiere trabajar en un árbol o tocón que posea una altura desde el suelo de 120 a 180 cm. y aunque pone especial cuidado en llevar lejos los trozos de madera y el serrín, pronto se nota al pie del tronco que un herrerillo capuchino ha estado allí trabajando. Muchos de los agujeros que excava están en lugares que antes fueron trabajados incompletamente por Picus viridis o por Dendrocopos major (pito real y pico picapinos). La entrada a la cámara donde se va a situar el nido no es precisamente un modelo de geometría circular, sino más bien una abertura «estrellada» llena de muchas astillas a medio quitar y sin estar mínimamente redondeada. Una de estas construcciones, si resiste el invierno, es ocupada consecutivamente año tras año. En un bosque de caducifolias basta con que exista un solo tronco cortado y agujereado para que en él, invariablemente, aniden los capuchinos todos los años. Muy frecuentes son los nidos a menor altura. Las cavidades donde va a estar el nido no son muy profundas, porque el pájaro en su trabajo puede alcanzar zonas de madera sana que le cuesta mucho trabajo agujerear y desiste.

 

Apertura

 

Normalmente sigue la dirección de la madera carcomida y de este modo la cavidad tiene anfractuosidades y abultamientos. La hembra trae una considerable cantidad de musgo y lana y también el macho aporta a veces alguna cantidad de líquenes que obtiene en los árboles próximos. Las puestas son de 5-7 huevos y rara vez más. Las de 12 huevos deben corresponder a dos hembras usando el mismo nido, situación, como sabemos, no infrecuente en estos páridos. Se han encontrado puestas de 4 y 11 huevos. Y algunos nidos pueden estar situados en el mismo suelo, al abrigo de raíces o en huecos naturales, y otros en nidos viejos de pájaros carpinteros. Los huevos son blancos con puntos castaño rojizos y manchitas del mismo color, a menudo agrupadas en el extremo más ancho. Algunos son extrañamente todos blancos sin apenas puntos perceptibles. La incubación dura 12-14 días y es realizada exclusivamente por la hembra, pero el macho se acerca al nido con relativa frecuencia para alimentarla. Los pollos, al nacer, están parcialmente cubiertos con plumón pardo grisáceo. El interior de la boca es amarillo y no hay puntos blancos en la lengua.

 

Ambos adultos los alimentan con insectos y en especial con larvas y pupas de Lepidópteros. La mortalidad de jóvenes cristatus en los nidos es muy grande en zonas de excesiva pluviosidad y en ellas se produce, por lo menos en el norte de Iberia, con más frecuencia la doble cría. A los 18 días ya salen del nido y, colicortos, quedan entre la vegetación próxima. Si no son excesivamente molestados, o a causa de una deficiente alimentación, dejan el nido a los 21 días. Sucede también que muchos machos no alimentan a los pollos o lo hacen muy poco y de esta manera la hembra se ve y desea para sacarlos adelante.


Puesto que la típica raza de herrerillo capuchino, Lophophanes cristatus cristatus, es un reproductor prematuro y los nidos pueden ser encontrados en el norte de Europa cuando aún la nieve no ha desaparecido de los bosques y campos, es notable el hecho de lo tarde que la raza ibérica, Lophophanes cristatus weigoldi, empieza a criar en Andalucía. En Asturias, por ejemplo, en esa misma época ya todos los nidos tienen pollos casi totalmente emplumados.


El herrerillo Capuchino es una especie muy sedentaria; esto no descarta movimientos erráticos en otoño y primeros días del invierno que no lo llevan muy lejos de su hábitat normal. En la Península Ibérica se ha incrementado su población en los últimos años. Probablemente las extensas plantaciones de coníferas hayan contribuido a ello y ahora ocupa con profusión bosques y bosquetes de todas las regiones en variada densidad. Hasta 1972 se habían anillado en España por la Sociedad Española de Ornitología no menos de 1.048 capuchinos y por el Icona hasta la misma fecha 885, la mayoría como pollos en cajas nido colocadas artificialmente.

 
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